martes, enero 04, 2011

La guerra de Cascos

Pocos notables han abandonado el partido, dicen en Génova. Aún. Aún confían en que la sangre no llegará al río...


La Razón: El PP responde a Cascos con una ofensiva para reforzar a su candidata

El Comercio (Gijón): Pelayo Roces renuncia como diputado y el edil Pablo González da su apoyo a Cascos

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lunes, enero 03, 2011

El rigodón asturiano

No dejaba de tener guasa que en los foros de la red al enfrentamiento entre Isabel Pérez Espinosa, una edil del ayuntamiento de Oviedo, y el aspirante Francisco Álvarez Cascos, exvicepresidente del gobierno, por liderar al PP asturiano, lo tildaran de isabelinos contra casquistas. Al final, el señor Rajoy, que tal vez tenga algo más del padre Claret que del duque de Montpensier, optó por la dama. Como era de prever, el exministro no se ha quedado con las manos quietas. Aunque tampoco ha embestido, como cuando entonces. Sólo ha amagado. Y supongo que sabe que no puede ganar una partida que se va a jugar con los mandos que diseñó el propio marginado cuando era un hombre fuerte. Del partido, se entiende.

El caso de Asturias, al margen de quien se postule por el PP, incluso de su casta política, es para llorar. La inexorable caída de esa tierra parece no tener fin. Hace unos años Gustavo Bueno, que es riojano, contaba que entre los cien primeros suscriptores de la enciclopedia británica a principios de 1900, ochenta eran asturianos. Y el Grupo de Oviedo es, de largo, la escuela filosófica más atractiva de los últimos cien años en español. Aunque el maestro, como Saturno, se papeó a sus hijos; él sabrá porqué. El perfil de la región era sacrificado pero rico: mineros y espeleólogos, vaqueros y biólogos, pescadores y zoólogos. Pero la entrada en la Comunidad Europea supuso un bofetón, y la Asturias blanca y negra, la de la leche y el carbón, pagaron el pato. También los astilleros. Y no ha habido recambio válido.

Hace años que lo mejor de su gente joven y la más capaz tiene que emigrar, en busca de un futuro mejor. La sangría no para. Sólo comparar, en un ámbito festivo, el equipo de fútbol del Sporting ochentero, el de Castro, Maceda, Mesa, Joaquín, Ferrero... con la banda de Preciado, es ilustrativo. O el 'cipote' tardío de Niemeyer que han plantado en Avilés. Muestra de mimetismo. Poca iniciativa, menos riesgo, escaso brío. Ahora fían el futuro de su comunidad al turismo rural y los deportes náuticos: hosteleros y surferos.

El país sigue en su resta particular.

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