El automóvil y su sombra
El último runrún en la prensa cotidiana es el declive industrial del automóvil. Símbolo de la (falsa) libertad que han predicado con descaro las democracias representativas desde que Ford divulgara el invento. Autonomía y triunfo social se daban la mano como factores simbólicos. El coche no era el medio de transporte más útil y racional tanto como la llave del ascenso social. En este sentido, en la España enladrillada el Porche Cayenne ha sido el trofeo más codiciado por especuladores, promotores inmobiliarios o simples arribistas. Como el Audi ha sido el trofeo favorito de políticos, banqueros y empresarios triunfitos.Unas palabras del escritor-observador Josep Pla, hacia 1960, nos dan más pistas sobre este fenómeno social, cómo fue fraguando: "En los últimos cuatro o cinco años de estabilización (1962) hemos asistido a la difusión a gran escala del automóvil en esta tierra. Cuando determinada persona se compró un pequeño Renault, pudimos constatar las correspondiente convenciones. Cuando al cabo de cierto tiempo esta persona se compró un Fiat del país, tuvo muchas más. La manera de pensar ha dependido siempre -en todas partes- del coche propio. En la época de los caballos pasaba lo mismo." ("Notas para Sílvia, Espasa, en traduccción de Xavier Pericay)
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