Deportistas modernos

Uno de los engaños mayores de la España nuevorriquista ha sido la exhibición obscena del éxito y el dinero, valores fundamentales de lo que se considera triunfo en la vida. En estos treinta años de democracia telegénica hemos pasado de tener equipos de fútbol con problemas para llegar a las rondas finales de las competiciones europeas a una selección que aspira a ganar un título mundial. Hemos pasado de no comernos un rosco en la fórmula 1, a tener medio país de neoexpertos en automovilismo y automoción -de un tiempo a esta parte, muchos de estos se han reconvertido a la economía, y nos dan sus charlas sobre el euribor y la necesidad de recortar los gastos sociales a la seguridad social de los empresarios-. Hemos pasado de luchar esforzadamente por llegar a las rondas finales de los grandes torneos de tenis, a una escuadra de mediáticos millonarios -que, generalmente, invirtien su fortuna en ladrillo, oh, esto si que no es novedad-. Los triunfos deportivos, y el abuso de todo tipo de estupefacientes -también en el deporte-, han sido dos excelentes adormideras del tejido social español. Mientras tanto, del aprendiz de fontanero a la ayudanta de secretaria o policía local, no había dios que no se comprara un automóvil, preferentemente alemán, francés o sueco. Por eso estos señores nos toleraban, mientras Bruselas subvencionaba (y desmantelaba) nuestros sectores atávicamente más improductivos. Porque comprarse un Skoda, era de pobres, como ser ecologista o tener un primo sindicalista. Rémoras del pasado.
La hostia va a ser monumental, von der Quelle. Y m'alegro, qué remedio. Por ahí no podemos seguir, se pongan como se pongan. Y aunque nos saquen a las estrellas mediáticas hasta en el papel higiénico. Que no pué ser...
La hostia va a ser monumental, von der Quelle. Y m'alegro, qué remedio. Por ahí no podemos seguir, se pongan como se pongan. Y aunque nos saquen a las estrellas mediáticas hasta en el papel higiénico. Que no pué ser...
Etiquetas: deporte de elite, falsos prestigios, pan y circo

