martes, septiembre 13, 2011

Imagen de Yemen

3 fragmentos del artículo de Tariq Ali, "Una nota sobre Yemen", apéndice de "El síndrome Obama" (Alianza, 2010), publicado el 25 de marzo de 2010 en London Review of Books

"Me marché a Yemen cuando Obama afirmó repetidas veces que "grandes trozos" del país "no estaban completamente bajo el control del gobierno", después de que el senador Joseph Lieberman hubiera anunciado alegremente que era un objetivo adecuado para la guerra y la ocupación. El patético terrorista de los calzoncillos que había intentado provocar una explosión en el vuelo de Ámsterdam el día de navidad había despertado un nuevo interés en el país, y en Al-Qaeda en la Península Arábiga, cuando afirmó que si bien se había convertido al islamismo radical en el Reino Unido, el curso intensivo en terrorismo suicida, afortunadamente chapucero, se le había impartido Al-Qaeda en la Península Arábiga en algún lugar de Yemen (...)

Yemen es un país como es debido, a diferencia de esas gasolineras imperiales diseminadas por la Península Arábiga, donde las élites dominantes viven en rascacielos construidos apresuradamente por arquitectos célebres, flanqueados por galerías comerciales que exhiben todas las marcas occidentales y atendidos por esclavos asalariados del sureste asiático y Filipinas. Sana'a, la capital de Yemen, se fundó cuando el Antiguo Testamento todavía se estaba escribiendo, editando y cotejando. Es cierto que el nuevo hotel Mövenpick en el centro del enclave diplomático de la ciudad recuerda a Dubai en sus peores momentos -mientras estuve allí ofrecía su cena de san Valentín (Primera Rosa, Sopa Amorío, Luna Llena del Mar Amoroso, seguida de Dulce Corazón)-, pero en Yemen la élite es precavida y no alardea de dinero.



La antigua ciudad amurallada fue rescatada de la extinción vía modernización por la Unesco (y más tarde el Aga Khan Trust) en la década de 1980 y se reconstruyó la antigua muralla. La Gran Mezquita, del siglo IX, está siendo restaurada por un equipo de expertos italianos en colaboración con arqueólogos locales que están descubriendo objetos e imágenes de un pasado preislámico. Habrá que ver si podrán hallar una pequeña estructura que, al parecer, fue construida en ese sitio en vida del profeta Mahoma. La arquitectura de Sana'a es asombrosa; no hay nada parecido en Arabia ni en el mundo. Sus edificios -rascacielos de ocho o nueve pisos- fueron construidos en el siglo X y renovados seiscientos años después en el mismo estilo: ladrillos cocidos, decorados con adornos geométricos en yeso y grabados simétricos en piedra (la madera era escasa o difícil de conseguir). Lo que hoy faltan son los jardines colgantes en cada piso que capturaron la imaginación de los viajeros medievales (...)

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martes, junio 28, 2011

Borges en 2 citas

25 años sin el maestro
pero con sus libros
y sus cosas


sobre el celo en la investigación. dice Borges que Flaubert pinta cardos en Salambó. Flaubert viajó al norte de África a investigar y anotó lo que tenía ante sus ojos. No sabía que los cardos fueron traídos tras el descubrimiento de América. dice Borges: "de modo que precisamente por haber ido a investigar, él se equivocó. Si se hubiera quedado en su casa, no hubiera cometido ese error".

sobre la naturaleza. dice Borges: "El sentido de la naturaleza es algo nuevo, que no existió antes de los románticos. Los antiguos no lo tenían. Pensemos en las siete maravillas del mundo. Para un griego, un romano, por ejemplo, los Alpes eran horribles. A Dante una selva le parecia espantosa."

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viernes, febrero 18, 2011

Como escribir con tiza

Oscar Wilde, según Gide, se comunicaba con los demás, en su primera época en París, por medio de apólogos. Para un gran fabulador, un improvisador con una vasta cultura greco-latina era un juego. Y le iba la vida.

"Había una vez un hombre muy querido en su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían: "Vamos, cuenta ¿qué has visto hoy?" Él explicaba: "He visto en el bosque a un fauno que tañía la flauta y que obligaba a danzar a un coro de silvanos". "Sigue contando, ¿qué más has visto?", decían los hombres. "Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro." Y los hombres le apreciaban porque les contaba historias.

Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas... Mas, al llegar a la orilla del mar, he aquí que vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro. Y, como continuara su paseo, en llegando cerca del bosque, vio a un fauno que tañía la flauta a un coro de silvanos... Aquella noche, cuando regresó a su pueblo y, como los otros días, le preguntaron: "Vamos, cuenta, ¿qué has visto?" Él respondió: "No he visto nada".

André Gide, Oscar Wilde (Lumen), In memoriam

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viernes, enero 21, 2011

Vallejo

“Vallejo no fue un poeta faber, un poeta que fabrica objetos estéticos reflexivamente, según costumbre en nuestro mundo. Si él intentó hacerlo en sus primeros tiempos, conforme a las convenciones vigentes en el medio donde brotó su experiencia, no lo logró totalmente nunca, y enseguida emprendió otros caminos. Vallejo fue un poeta singular que vivió sus poemas al día, es decir, que hizo profesión de vida poética vulgar. Sus poemas son producto inmediato de esa vivencia como podrían serlo los de un personaje de una tragedia en verso que fuese, no representada en un escenario, sino vivida en el gran teatro del mundo”.

Juan Larrea, “Héroe y mártir hindo-hispano”

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jueves, noviembre 25, 2010

Libros estrenados. La cultura de la queja

“Nunca nadie ha negado que Segismondo da Malatesta, el señor de Rímini, tuviera un gusto excelente. Contrató al arquitecto más refinado del quattrocento, Leon Battista Alberti, para diseñar un templo en memoria de su esposa; y después buscó al escultor Agostino di Duccio para que lo decorara; y empleó a Piero della Francesca para que lo pintara. Sin embargo, Segismondo era un hombre tan terrible y rapaz, que se le conocía con el apodo de Il Lupo (El Lobo), y fue tan execrado después de su muerte, que la Iglesia católica le consideró (durante un tiempo) como el único hombre, aparte de Judas Iscariote, que estaba oficialmente en el infierno, distinción que consiguió atando con su propio manto a un emisario papal, el obispo de Fano, de quince años de edad, y sodomizándolo públicamente en la plaza mayor de Rímini, en medio del aplauso de sus tropas.

Éste no es el comportamiento que se espera de los directivos de las instituciones culturales americanas. Sabemos, en el fondo de nuestros corazones, que la idea de que la gente se ennoblece moralmente por el contacto con las obras de arte es una mentira piadosa. Algunos coleccionistas son nobles, filantrópicos y educados; otros son unos ceporros que tomarían a Parmigianino por un queso si no fuera porque los muchachos de Christie’s les sacan del error. Los museos han sido sostenidos por algunas de las mejores y más desinteresadas personas de los Estados Unidos, como Duncan Phillips o Paul Mellon; y por algunas de las peores, como el difunto Armand Hammer. No se puede generalizar sobre los efectos morales del arte, porque no parece que los tenga. De lo contrario, la gente que está siempre en contacto con el arte, incluidos todos los conservadores y críticos, serían unos santos. Y no lo somos.”



Robert Hughes, “La cultura de la queja” (traducción de Ramón de España)

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jueves, noviembre 18, 2010

Personajes olvidados. Alberto Cardín


"Sin los estudios de Margaret Mead en Samoa o Melanesia, no hubiera habido jamás revolución sexual americana. Sin los estudios de Ruth Benedict sobre Japón, los americanos no hubieran abierto con tanta facilidad las puertas al zen y al orientalismo en general. Sin los trabajos de Bronislaw Malinowski en las islas Trobiand, Wilhelm Reich jamás hubiera completado su teoría orgónica, extendiéndola a toda la historia de la civilización. Y sin los múltiples, minuciosos y acumulativos estudios de los clásicos americanos sobre las tribus indias de su territorio, o los de Robert Gordon Wasson sobre los hongos, o los de Carlos Castaneda sobre el peyote, jamás habría habido "contracultura" en Occidente".



"Tientos etnológicos", Alberto Cardín

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viernes, noviembre 12, 2010

El milenarismo y el apocalipsis



El mundo por montera, en Tve, con André Malbí, Dragó, Campillo y compañía

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vengo porque el apocalipsis má pillao



"Así en la tierra como en el cielo", José Luis Cuerda

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